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También hizo a posteriori la música de la película Dracula de 1931 y ha colaborado en numerosas ocasiones con la música de películas y documentales de Errol Morris poniendo a disposición y reorquestando sus composiciones anteriores. Philip Glass y Arvo Pärt son sin duda los dos compositores que más permitieron el uso de sus piezas como bandas sonoras para películas, e incluso han compuesto especialmente a petición de un director. En 1977, algunos artistas participaron en una venta de sus obras para rescatar deudas resultantes de la edición de Einstein on the Beach de Glass.